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6/10/05

"Sueño"

Nunca había soñado algo tan horrible, como lo que soñé anoche. Soñé que formaba parte de la mismísima muerte, soñé que formaba parte de la “Santa Compaña”.
Recuerdo que éramos unos trece o catorce, íbamos todos vestidos con unas túnicas blancas con capuchas que apenas se nos veían las caras.
Era sobre la madrugada y caminábamos muy lentamente por un camino que lleva al pueblo, íbamos en fila de a dos y los cuatro del medio portaban un ataúd hecho de pino. Nos cruzamos con varios lugareños, que horrorizados huían al ver nuestra presencia, no me extraña, quién no huye de la “Santa Compaña”, si te topas con ella de madrugada.
Al entrar en el pueblo, nos dirigimos a la calle “Empedrado” que tiene una cuesta algo pronunciada y al principio es bastante estrecha que hace más intenso el olor a cera quemada. Yo notaba que éramos observados con horror detrás de las ventanas, seguro que esos observadores imploraban a Dios para que no nos parásemos delante de sus puertas.
Casi al final de la cuesta, la tenebrosa procesión que formábamos dejó de caminar, el encapuchado de mi derecha levantó el farol que portaba, y la débil luz alumbró el número de la casa, el 46, sí, es aquí.
Yo con mi mano fría di tres golpes en la puerta, nadie contestó, sabía perfectamente que estaban detrás de la puerta; toc toc toc, -abran a la “Santa Compaña”, dije.
Abrió una señora entrada en años –soy la ama de llaves, ¿ por quién vienen?
Yo clavé mi tenebrosa mirada en una mujer que estaba en el fondo de la estancia, estaba paralizada por el miedo, era guapa, muy delgada, sobre los 47 años, se llamaba Asunción do Castro, licenciada en farmacia.
Le extendí mi fría mano en ademán de que nos acompañara, y le dije -a partir de ahora serás un alma en pena, ven-.
Salió con nosotros, el ama de llaves cerró la puerta, y la “Santa compaña” se alejó de allí.
De repente desperté, fue un sueño, me dije, solo un maldito sueño. Sentí un alivio tremendo, me levanto de la cama y decido dar mi paseo matinal por el pueblo y olvidarme de todo.
-Germán póngame un café- Germán es el camarero del café Central.
-Caballero aquí tiene su café.
-Por cierto ¿se enteró usted de la noticia? añade Germán.
-No, ¿ qué noticia? le replico.
-Mire viene aquí en el diario, página dos.
Abro el diario en la página dos: Ayer de madrugada falleció en su casa de la calle Empedrado doña Asunción do Castro la conocida farmacéutica...

4 Comments:

Anonymous Anónimo Dijo...

Me das miedo gallego,hay,hay, Galicia tierra de brujerias y supersticiones, a la santa compaña ni nombrarla.

19:05  
Blogger Bohemia Dijo...

Vengo de otro blog donde recomendabas esta lectura y como la Santa Compaña me da tanto miedo como curiosidad viene a leerte y me has conseguido poner la piel de gallina.

Abrazos

21:21  
Blogger rosa Dijo...

yo no entiendo como puede dar miedo el tema de la santa compaña,pues no son espiritos y aun q fueran q?

01:54  
Blogger pato Dijo...

Que digo ?
Leía y me emocionaba, como un sueño, como todos los sueños que al final despertamos y decimos: que alivio, solo un sueño. Pero este me ha dejado impresionada, impactada. Espero no me sueñes, apenas empiezo a vivir !!
Abrazo !

20:51  

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